jueves, marzo 27, 2014

I.

no me traigas flores
ya están muertas

prestame tus ojos
entendé mis garabatos

dame tu corazón
cuidaré sus olas rojas
en mi pecho

martes, febrero 18, 2014

Tercer día

Mis versos eran variados.
Describían pasiones fugaces
o duraderas,
dibujaban los colores diarios
y los aromas comunes,
pintaban las cosas que me encontraba por ahí,
las que siempre estuvieron
o las que atravesaron mi camino.

Luego mis versos se volvieron tuyos.
Rasgaba, contorneaba,
saboreaba tu carne usando versos
y los bañaba con lágrimas felices.
Te escribía y te amaba escribiéndote,
te era sincera escribiéndote.

Hasta que los versos se detuvieron.
Debí haberlo visto hace mucho.
Cuando los versos murieron,
mi esencia se enterraba
en las arenas del alma:
las que se supone que debía vencer.

Eventualmente uno que otro salía a luz
llamitas fugaces de esa pasión que no moría
y de esos me aferraba
para convencerme
que íbamos en el camino adecuado.

Hoy me doy cuenta que mis fugaces versos
no fueron siquiera leídos,
fueron letras que nacieron de mis dedos y murieron en mis ojos...
cuando se supone que debían morir en los tuyos.

Pero ahora se que mis versos regresarán
porque las cosas nunca dejaron de sorprenderme
los colores nunca dejaron de alegrarme la vida
y los aromas nunca se fueron de mis memorias.

La diferencia es
que ahora no gastaré más versos
en ti.

miércoles, abril 27, 2011

Él (i)


te atraigo hacia mi separando mis brazos
tu cabeza descansa sobre mis pechos;
araño suavemente tu frente relajada
y con algo de torpeza mi mano te protege del frío
rozando tu brazo.
quizá no lo has notado pero debes cuidarte:
mi pecho estallará en cualquier momento.
podría mancharse tu piel de dicha y ternura,
podrías ensordecer con los gritos de placer que reservo en mis pulmones.
quién sabe, podrías enceguecer con la luz que he acumulado en mis entrañas,
justo esa que despiden tus ojos, amor,
cuando me dicen con toda la sinceridad del mundo
que me aman...

lunes, abril 18, 2011

Puerta

Hay puertas grandes y pesadas que les gusta ser barnizadas sobre su propia podredumbre. Prefieren crecer oscuras, deformes, pero con los bordes finos. Prefieren también estar cerradas, porque nacen abiertas y en general, las talla la rebeldía. Además son pretenciosas, y entre más barniz desfilan, más lenta y silenciosamente se cierran. Su edad no les impide tener sus bisagras bien cuidadas.

Y se van cerrando. Se cierran tan lenta y silenciosamente que las personas comunes -o poco observadoras o indiferentes, que es lo mismo- no lo notan. Y es hasta que llevan ya una bonita inercia que las bisagras chillan para anunciar su victoria: es ahí cuando quizá, con mucho esfuerzo, es posible mantenerlas abiertas. Ah, pero es difícil ya. Tanta capa de barniz pútrido han hecho a estas puertas bastante pesadas. Se requiere de acciones drásticas que las personas ya conocen, pero que el tiempo a estas alturas ha difuminado, o el orgullo apaciguado. El orgullo: el que lacera, el que grita, el que derrumba.

Yo tengo una de esas puertas. Está cerrándose y no soy capaz de abrirla sola. Y una vez que se cierre, abrirla será prácticamente imposible.

martes, agosto 31, 2010

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"...escuchar es otra cosa.

No hay escucha sin silencio.

Y el silencio es una voz."

Cristina Banegas


(click ahí)

martes, agosto 10, 2010

Doña Lidia

Doña Lidia la de las facciones duras,
o mejor dicho endurecidas por el tiempo.
Entonces la de las facciones suaves,
la de los ojos parlantes.

Jamás había aprendido tanto de alguien
con quien [por desgracia] charlé tan poco.

En sus ojos, en el brillo de sus ojos
estaba toda la poesía del mundo:
Ha conocido el amor y la desgracia,
ha visto la muerte de cerca.
Lo ha visto todo.

Todas sus frases eran transparentes,
con palabras enormemente sencillas:
descripciones horrorosamente exactas
minúsculas dagas de infinita dulzura.

La angustia lastimaba su alma
y le dictaba cada entonación,
y sus ojos complementaban cada una
con palabras de precisión absoluta.

Esa mujer es una columna de roca.
Sí, una pilar sólido, terriblemente sólido
divagando entre un río manchado
de angustia, de memorias y de horror,
un tronco con pocos anillos
y demasiados nudos.
[cómo me gustaría arrancarle la pena del pecho]

Una mente vívida y danzante, la de doña Lidia.

[Usted ha tallado su firma en mi mente.
Deme su mano, tenga:
acá tiene el producto de mi fuerza de voluntad.
No sabría de qué otra forma agradecerle,
no podía ofrecerle nada menos.]

lunes, julio 19, 2010

Granate

hoy la mente me cabalga
las imágenes van demasiado aprisa
pero el cuerpo se mueve
con parsimonia incomparable

andar con pasos cortos
y estallando cada charco
resulta útil cuando se huye
o cuando se intenta comprender
sin mucho éxito

las cabezas caen una a una
y la sangre en el suelo es tornasol
es fácil predecir la siguiente en caer
la decepción es menor
y el dolor también

apagar las soluciones
que de cualquier forma están allá, lejos
es sencillo cuando se magnifican los sonidos
cuando se piensan las hojas como estrellas

cuando elegís vivir entre lo excéntrico
aprovechar las sensaciones y no subestimarlas
admirar y saborear lo grotesco
y vomitar luego si es necesario

para sobrevivir a este planeta de colores
conviene saber abstraerse de las masas
y no fundirse en la monotonía
y la automatización de los caminantes

sonrisas contagiosas y empatía ensayada
felicidad envasada en condones de colores
voces agudas y entumecimiento de la mente

vamos, afuera todos se saludan
y afuera todos se ignoran
se cuentan historias para oírse a sí mismos
pues los monólogos les resultan idiotas

¡y qué lindo caminan en fila india!
¡corran, seguios unos a los otros!
nada de que angustiarse,
¡si el líder se pierde,
se pierden todos juntos!

bueno, eso de afuera no puede ser tan malo
mientras se ellos se reúnan en las plazas
vos y yo haremos el amor sobre la terraza
y mientras la felicidad aderece sus carnes
vos y yo nos devoraremos mutuamente
bajo la noche, sin cobijas

martes, abril 13, 2010

Techo de lámina para aderezar.

Luego del calor tortuoso que ha durado ya un buen tiempo, nada más agradable que la brisa fresca, fría y con olor a tierra húmeda. La lluvia viene y releva al sol en el momento exacto, como una invitada muy especial. Como si la esperaran desde siempre, anuncia que está acá, dorada, acariciando cada poro y a cada inhalación. Los truenos no son amenazadores, no: son reflejos del regocijo de la tierra al recibir un baño precipitado. Pausa de labores. Grietas fusionándose. Relajación exquisita. La primera lluvia copiosa de abril es la más bienvenida de todas. Y como una dama, se retira al poco tiempo de haber arribado, y no se le ve en un buen tiempo.