sábado, mayo 09, 2009

¿Bajo tierra?

Tengo el gusto de recibir una clase de teatro cada viernes. Había abandonado el teatro por casi 5 años. De hecho, las letras salieron a mis tendones en el momento en el que el teatro había formado un abismo tan grande que el llenarlo se convirtió en una necesidad.

El viernes pasado Mercedes, nuestra directora, motivó a algunos de nosotros a interpretar o represetar alguna vivencia que haya causado grave impacto en nuestras vidas. Luego pidió que cada quien contara la vivencia que le hubiera acudido a la mente. Unas diez personas, sentadas en el suelo, desnudando una memoria atada con cuidado y guarda con sumo recelo ante completos extraños. Y sin embargo, la incomodidad, el pudor, la verguenza y el dolor se amortiguaban un poco dada la sincera voluntad que tenían todos de escuchar. No, no era morbo, era una ambivalencia y una reciprocidad absolutamente necesaria para que vencer la común tendencia a rehusarse a abrir las respectivas cajas de Pandora, para que nadie se levantara y reclamara que había llegado ahí para actuar, no para echarse en el sillón del psicoloco.

Mientras el resto hablaba, yo me movía hacia adelante y hacia atrás, como una autista: una fea costumbre. Cuando llegó mi turno de hablar, Mercedes dijo que notaba mi incomodidad, que mi balanceadera era una demostración de mi necesidad de evadir la situación. El tono de su voz desvelaba la absoluta seguridad que tenía en la veracidad de sus palabras, enraizado en la edad y la experiencia. De hecho, mi tronco se mece a medida que escribo esto. Mierda, tenía razón.

Es muy fácil evocar sensaciones, lo complejo es dominarlas. Dicen que una vez que recordás lo que hace tiempo dejaste bajo tierra, es necesario buscar una pala: lo que enterrás se pudre y bajo tierra no apesta. Tomarlo como una ventaja o como una desventaja será la ventura o desventura de cada quién.

Así que decidí hablar... pero las cosas siguen enterradas, en lo más profundo de mi interior. Hablar entonces resultaría talvez una patraña de psicólogos. Quizá el truco no sea mostrar la propia realidad como una nota periodística, sino que mediante imágenes, parábolas, sonidos... aceptar o rechazar de una vez por todas los cimientos sobre lo que uno es lo que es ahora. Saborear, llorar, reír lo que se expresa. Vivir sobre lo que se es y lo que talvez nunca se deje de ser. ¿Para bien, para mal? Esas, amigos, son muchas otras historias: las que cada persona decida contar.

sábado, diciembre 27, 2008

Suicidio colectivo

-¡A tu salud, pa! ¡Ja ja! En serio, qué bueno que nos hayamos decidido al fin a hacer esto. ¡Vos y yo, una azotea, la luna, el frío, el tabaco! Conozco mucha gente que daría buena parte de lo que cree poseer por contar con un verdadero amigo como padre. En este mundo tapizado de mierda humana, pá, no podemos quedarnos con los brazos cruzados. ¡Y hemos hecho de todo! Vimos eclipses, iglesias, a los hombres/preprogramados y a los hombres/bestias, me permitiste destrozar mi cráneo contra los más purulentos errores. Me mostraste la venganza, y la familia como único tesoro.

-...

-¡Ah!, descanse en paz mi santa madre. ¡Así es, santa...! ¿Sabés? Me gusta imaginármela con un borrón áureo bordeando su silueta, con los brazos abiertos, y con los ojos enrojecidos.

- ...

-¡Qué más da! Hicimos lo que tuvimos que hacer. ¡La azotea, la luna, la venganza, el whisky, el tabaco, el cáncer del hígado, el miedo a las alturas! Ya nada importa lo que aparenta padre, nada, nunca en la vida realmente importó lo que creímos... Lo que debíamos hacer, lo hicimos.

-...

-¿Que me calle? Sí, tenés razón, como casi siempre. El silencio sólo satisface a los dichosos y a los desgraciados. ¡Ja!, entonces callaremos por ambas vías, porque no se si me arde la dicha en la garganta o si es la desgracia la que fornica con mis oídos y tráquea.

-...

-Mirá, ya casi amananece... ¿Pa?

-...

-Cuatro botellas, más que suficiente. Me despido desde arriba, y vos, desde adentro.

-¡Nos vemos en el infierno, princesa!

-...

martes, octubre 28, 2008

Resolución

Hoy me siento segura,

porque me siento viva.

Ese vaho atrayente,

esa invitación vaporosa a perseguir

tus impulsos eléctricos

justo al ras de tu piel,

bajo la falsedad.

Sí, amor,

se te acabaron las sotas

y te he sorprendido sin más sorpresas.

Cuando me seducías, ¡ay!,

me seducías con novedades.

Pero el tiempo me dice, amor,

que tus sabores son estables

y tus sonidos, recursivos.

Me urge volar, cielo,

¡Oh, volar en tus entrañas!

¡Sí! ¡Sola, una y otra vez!

Para hallar caminos nuevos hacia tu carne.

Si afiladas las navajas,

(¡Oh, amor! ¡Oh... sí!)

el trazo es más exacto.

Y ése hilo escarlata que encapsula toda posible perfección

reduce el mundo a un sublime éxtasis de silencio absoluto;

incontenible frenesí, amorfo, etéreo...

¡Ah, destello estático!

Desconexión entre sentidos:

todos los colores concentrados en un sólo punto,

el solazar sobre un enjambre estelar

en un infinitesimal instante.

¡Ah, grandiosa decadencia!

PURA/DESBORDANTE/PUNZOCORTANTE.

¡Ay, hermosísima demencia!

La universalidad sin importancia.

El alma hecha éter, deslumbrante, poseída.

Halo de soledades rojizas.

Sí, la tuya, la mía.

Soledades fusionadas.

domingo, agosto 17, 2008

Ocaso de un solo ídolo

Como dormida observo tus ojos que,
como dormidos,
apuntan a la lejanía infinita.

Tu silencio duele.

Dolés como miembro dormido,
como al que le negaron la sangre y que protesta
por la fugaz agonía que redujo la eternidad
en un anaeróbico instante.

Inhalás,
inhalás profundamente,
como si el aire oxigenara la angustia
que digiere tus insaciables entrañas.

¿Harías algo,
harías algo si te dijera que la tierra mojada
lleva las pupilas de los que,
dejándose matar por la vida,
se pudrieron en arrepentimiento?

Me horroriza,
realmente me horroriza verte postrado
entre la sombra resignada
mientras estrategias invaluables
hierven en tu mente agrilletada.

Te rendiste.

Permitiste que retorcieran tu voz en peroratas,
que limaran tus garras con burdas contradicciones,
que callaran tus discursos con bozales de miseria.

¡Te rendiste!

Acá,
acá sentado, fumando,
masticando la náusea que la escoria te provoca,
no hacés más que agregarle una triste oveja
al nutrido rebaño de tontos útiles.

Acá,
acá a tu lado escucho tu voz putrefactarse
entre la hojarasca que humea en tu garganta.

Cuán infame,
cuán inútil resultás admirando la distancia,
cegado a las lides sangrientas
que rugen bajo esta colina.

Cuán distante,
cuán minúsculo se hace el hombre
que defeca sus ideales
y exhala resignación.

No puedo verte ya,
no puedo verte pues esa mente que vos enjaulaste
ladra suplicando su liberación…
Y los intentos se me agotaron.

Te dejo, valiente, acá te dejo.
El tiempo nos vence
y la tristeza se contagia.

jueves, junio 26, 2008

Ángelus de Millet


El niño yacía acomodado en su sarcófago perfumado dentro una canasta llena de papas. Alguna peste, algún infortunio doloroso, alguna caída. Su madre reza un Ángelus por el que se va, por la salud de los que se quedan, por el porvenir del que viene.

Millet escondió lo evidente a la vista del vulgo y, de alguna forma, consiguió apuñalar las pupilas de aquel que se acercara a ver el lienzo y le diera la gana ver el eterno luto del que tiene la vida cercenada y mucho tiempo para vivir. Sin embargo, quien pasaba a tomar un café en cualquier restaurante parisino veía tan sólo algo parecido a pena que una pareja derramaba sobre una canasta repleta de papas. (¿O agradeciendo por la buena cosecha, quizá?)

Muy lejos de ahí y en nuestros días, Doña Amelia se inclina sobre la cinta amarilla y observa curiosa los restos perforados y putrefactos de Josué, el patojo que le llevaba el tambo de gas. De la mano de la respetable mujer cuelga la de Javiercito, el niño de seis años y mirada confusa, a quien llevan a ver semejante espectáculo con el fin que conozca el mundo antes que éste le sorprenda a él.

Millet pintó a la muerte en el siglo XVII y la disfrazó con una canasta llena de papas. A Josué lo cubrieron con una sábana y lo disfrazaron de indiferencia.

Referencias:
http://www.oil-paintings-reproductions.com/Articles/the-angelus.html
http://www.fotolog.com/pulgarcitodec/42034939

lunes, junio 16, 2008

Un banquetazo...

Para refugiarse en la tranquilidad/turbulencia de las letras. Muy recomendable. =)


º S.o.P.a (Sociedad Optativa de Poetas Anónimos) : "Poesía Urbana"
º Viernes 20 de Junio, 8:30 pm.
º La Banqueta, 2a Av. 11-19 Zona 1, Guatemala.

miércoles, mayo 28, 2008

Inocencia...¿dónde?


Una niña se acercó. Tendría unos seis años de edad. Cuerpo de cuatro y mentalidad de tres, aventuré. Abrazaba un recipiente lleno de caramelos oscuros deformados por el calor. En mi mente divisaba sólo envoltorios de plástico que recluían gusanos negros retorciéndose, forcejeando entre sí. Balcuceaba técnicas de venta malogradas que incluían vacío, hambre y resignación.

-No gracias. -respondí evadiendo sus ojos.

-¿Una moneda?

-No, no tengo.

-¿Me regala de su pan?

-Va, tomá...-resignada le dí lo que tenía en la mano.

La niña tomó lo que le ofrecí y se alejó entre las hojas caídas del árbol a cuya sombra almorzaba huyendo del sol abrasador. En el camino casi tropezó cuando en un pasito errante uno de sus pies chocó contra el otro. La seguí con la mirada mientras lentamente acercaba la taza a los labios para medir con el vaho prometedor la temperatura del café.

-¡Ah! Hirviendo...

Una bolsita tejida colgaba de su hombro de la pequeña. Envolvía sus piernas un raído corte gris y una playera con dejos de serigrafía le cubría desde las clavículas hasta el ombligo, dejando sin ocultar a un protuberante vientre. Se alejó unos ocho metros hacia donde estaba un viejo exhibiendo chucherías sobre una estructura más de óxido que de metal. Más torpes y más cortos eran sus pasos a medida que se acercaba al viejo. No dejé de observarlos mientras abría una cajetilla nueva, colocaba con cuidado el cigarro entre mis labios y buscaba un encendedor.

Por fin llegó la niña frente a él. Dejó con cuidado en el suelo el recipiente de dulces con forma de gusano y hurgó en el fondo de su bolsita. Cuando encontraba una moneda, la depositaba en la mano sucia y extendida del viejo cuya mirada recorría con ternura el cuerpecito que tenía ante sí. ¿Su padre? ¿Su tío?... Los parentescos que yo asumía eran refutados por el comportamiento de la niña, por la forma en la que la carita de ella hacía todo lo posible por no enfrentar las miradas de él. Ya había tentado en todos mis bolsillos buscando sin éxito un encendedor, así que recogí mi bolsa y me la coloqué al hombro buscando dinero para comprarle uno al viejo.

Cuando levanté la mirada sentí estómago retorcerse y un bloque de sangre arremetiéndose contra mi vientre; el cigarro cayó al suelo. El viejo sostenía de la cintura con una mano a la niña y su barba se apoyaba en su cabecita; sus muslos se apoyaban en sus diminutas caderas y otra mano se hallaba oculta entre las piernas de la niña inmovilizada que no hacía más que evadir a esos ojos ancianos, esos ojos que brillaban morbosos al sentir la tierna humedad entre un par de labios pequeñitos, inmaduros. Horrorizada observé a la niña inmóvil y con la mirada perdida entre los árboles a las espaldas del hombre. No luchaba. Sufría como sufren los adultos: en silencio.

Sentí un horrible ardor en la nuca. Casi sin notarlo caminé hasta ellos, y a gritos le pedí al hombre un encendedor.

-No hay, seño- dijo sin empujar a la niña, que al no sentirse penetrada se deprendió de entre las rodillas del hombre y desapareció corriendo tras una esquina, derramando a los gusanos en el suelo.

-Lo que no tiene usted son huevos, hijo de puta...- Odio. Asco. Rencor. Un giro de mi muñeca.

El café que no había probado por no quedarme sin papilas gustativas se desperdició ese día entre las piernas de aquel hombre.

Con el estómago en la garganta y con espuma entre los dientes me fui dando zancadas de regreso al trabajo.

miércoles, mayo 07, 2008

Falacia



Desde abajo.

A contraluz es fácil ver la sencillez de los bordes bien recortados.

Un poco más arriba.

Las sombras bordean nada más el retrato de dos gemelos bien torneados, forzados.

Alzando.

Visagras sublimes con callos en sus cimas, recuerdos de un pasado sumiso.

Levitando.

Dulce boca vertical cuyo garbo se mantiene impecable, mientras no sea mimada.

Añorando.

Cáliz sumergido en carne maternal, custodiado por reflejos arqueados.

Recordando.

Inhalando las palabras que exhala cada poro sediento, cada reacción, cada gemido.

Pero tu boca está cerrada, protegida; tus ojos ocultos.

Tan hermosa, tan idiota... presentás tu belleza y ocultás tu condición.

Tan inútiles las caricias, tan maldita la coraza que te aleja del mundo.

Una escafandra cubriendo tu flato. Al contrario de lo que creés, eso no basta.